Habitualmente se distingue entre dos tipos de aprendizaje:
uno llamado sistemático o tradicional y
el otro lúdico o significativo. El primero está considerado como un método
rígido en cuanto a concepción, objetivos y desarrollo, en el cual el niño
realiza el ejercicio que se le indica sin conocer las razones de porque se hace
así y no de otra manera. Es un método que no tiene en cuenta los significados personales,
en el que se transmiten conocimientos o capacidades de forma estandarizada y
donde el alumno como su propio nombre indica es un sujeto que aprende
pasivamente. El hecho de ofrecer a los alumnos una “acción prefabricada”, es
claramente una forma de limitación, que obliga a transformar importantes
potenciales en secundarios. Reducir este campo es perjudicial tanto en el plano
físico, ya que no garantiza un equilibrado desarrollo general, como en el plano
psíquico, puesto que, como sostiene Calabrese (1980), se alimentaría <<
una precoz fijación de la atención y de los intereses en una única
dirección>>. Para desarrollar una verdadera educación acuática, ésta no
debe inclinarse hacia la adquisición de una especialización prematura.
Por desgracia, son todavía muchos, los que continúan considerando al niño “un medio” para conseguir ciertos resultados, más que “un fin” al que deben prestar máxima atención, favoreciendo su desarrollo. El segundo, el lúdico, es considerado un aprendizaje significativo, que supone una participación, flexibilidad y contextualización, donde el alumno influye directamente en las propias experiencias desarrolladas. Es un método que trabaja el aprendizaje autónomo, basado en la experiencia y los intereses del sujeto que aprende (Bovi, 2001). No debemos olvidar nunca que la rutina “mata” la imaginación. Sin ésta, difícilmente “la aventura en el agua” puede tener para el niño ese tono de alegría, de placer y de autonomía. Es necesario que el niño tenga un espacio adecuado para su desarrollo, para las propias inclinaciones; y tal espacio tiene que ser defendido ante toda tentativa de limitarlo o restringirlo, por razones de rentabilidad económica. Tengamos presente que entre las causas del elevado número de abandonos de la actividad deportiva puede jugar un papel importante un monótono y precoz tecnicismo.
Otro aspecto a considerar, es el hecho de que la
estructuración motora avanza por grados y tiene estrecha relación con la
maduración física y psíquica del niño; y por tanto, la lección de educación
acuática no debe ser impuesta, sino participativa, ésta es una actividad consciente.
Para que esto se consiga, es necesario limitar los llamados
“ejercicios tradicionales” y potenciar las situaciones de estímulo. Hay que liberar
la espontaneidad del alumno, permitiéndole asumir iniciativas personales, como
afirma Abruzzini (1980) <<la individualización de la actividad>>.
Recurrir sistemáticamente a repeticiones, aburridas, la
mayoría de las veces inoportunas, tiende a reforzar ciertos automatismos y
resulta claramente negativo.
La intervención en consecuencia, no puede ser de otra forma
más que de naturaleza polivalente y significativa.
A continuación, me gustaría compartirte un vídeo que
ilustrará ambas formas de enseñanza, el modelo sistemático o tradicional y el
lúdico y significativo; te invito a verlo.
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todos accedamos al conocimiento…


